martes, 10 de marzo de 2020
lunes, 2 de diciembre de 2019
Al sur, más al sur...
Impresionada por las caras de los que esperan junto a la carretera, mil kilómetros de furgoneta y algunos más a pie. Señoras y niños que venden bellotas, areas de descanso fuera de lugar.
Imlil y Atlas antes de llegar a destino.
Caras, sonrisas, mucho té, montañas... allá a lo lejos el Toubkal.
Un ratito de desierto, de dunas y de nómadas. Un pozo que reúne a su alrededor y el cielo infinito sobre nosotros.
Ópera en la arena, la piel erizada; música gnawa, olor a humo.
¿Se puede cambiar el mundo? Que no es utopía sino justicia...
Agradecida de ser, de estar.
Marrones, amarillos, naranjas y azules. Lagos sin agua y dunas de arena, piedras donde comen las cabras.
Un guiño a la luna, una noche de bullicio.
Desolada a ratos, intenso, muy intenso viaje al sur.
Imlil y Atlas antes de llegar a destino.
Caras, sonrisas, mucho té, montañas... allá a lo lejos el Toubkal.
Un ratito de desierto, de dunas y de nómadas. Un pozo que reúne a su alrededor y el cielo infinito sobre nosotros.
Ópera en la arena, la piel erizada; música gnawa, olor a humo.
¿Se puede cambiar el mundo? Que no es utopía sino justicia...
Agradecida de ser, de estar.
Marrones, amarillos, naranjas y azules. Lagos sin agua y dunas de arena, piedras donde comen las cabras.
Un guiño a la luna, una noche de bullicio.
Desolada a ratos, intenso, muy intenso viaje al sur.
miércoles, 11 de septiembre de 2019
¿Nuevas rutas migratorias?
Doñana es un punto importante en las rutas migratorias de numerosas especies, recalan por aquí aves, mariposas, pasan grandes cetáceos y peces por esta costa.
Pero hace dos meses llegó también una patera, y el lunes otra. ¿Será Doñana una nueva ruta migratoria para personas también? Este verano han sido dos pateras, quien sabe si vendrán más.
Dicen que eran más, pero a Sanlúcar han llegado quince, cuatro mujeres, tres hombres y ocho menores, ¡ocho!. Dicen que traían ropa para cambiarse, y que algunos traían tablets, dicen que la embarcación no tenía motor y que fue remolcada hasta cerca de la costa, dicen que no vienen dispuestos a trabajar, dicen.....
Yo sólo sé que han venido hasta aquí jugándose la vida, pagando un alto precio, que si estuvieran bien en su tierra ¿para qué iban a venir hasta aquí? ¿para qué un viaje incierto?
Imagino esas vidas antes, sólo un rato antes de embarcar, un grupo de gente que probablemente no se conocía hasta ese momento; una madre, hermana, novia o mujer, preparando el avituallamiento, mantas y chaquetones para el viaje, que luego quedarán tendidos en la playa, revueltos por las olas, mezclados con la arena. Una camiseta de la selcción de futbol de Marruecos, que fue de un niño (ocho menores), la ilusión de jugar en un equipo de la mejor liga del mundo, jugar un partido de esos que veían en la tele del bar, como si eso fuera posible para alguien que ha llegado en una patera.
Mafias que se aprovechan de la miseria, no sólo de la económica, sino también de la moral. Guerras, violencia, hambre, huida siempre hacia delante porque atrás no hay nada a lo que mirar.
Que será cierto que no se la han jugado tanto, pero que están aquí, en unos calbozos a la espera de un veredicto, o en un centro de menores sobresaturado. Que están aquí sin saber adonde les lleva eso. Que están aquí y no en sus casas.... Yo no me cambiaría por ninguno de ell@s ¿y tú?
jueves, 29 de agosto de 2019
Paseos y andanzas por el país vecino.
Hace mucho calor cuando llegamos, el día debió ser agobiante porque ahora, ya atardeciendo, el calor aplasta.
Pasear por calles empedradas y empinadas, estrechas, sinuosas... un pequeño pueblo cualquiera en el interior de Portugal, muralla, castillo, baptisterio... Una Terra Utópica en la que cenar, olor a antiguo. Dormir con el arrullo del río.
Y amanecer con ganas de surcar sus aguas, un poco más río abajo; dejarse llevar sin perder el rumbo; viento en contra, corriente en contra y resistir, avanzar, remar.
Llegar y no haber llegado, baño de sol. Tiempo de espera.
Amar la vida, cada momento, pensar en nada...
Ventanas a otros mundos, a otras realidades.
Preguntarme siempre por lo que hay detrás, por lo que estuvo delante y ya no está.
Imaginar las caras, los sonidos que fueron rutinarios, cercanos, comunes en otros tiempos.
¿Quien? ¿Por qué?
Costa Vicentina es sinónimo de pesca, de charla a medias palabras con pescadores de manos gruesas, de piel curtida y hablar pausado. Costa Vicentina de vida dura y dfícil, en brusco cambio.
Me preguntas que hasta cuando creo que resistirá este modo de vida y no sé qué contestar, ¿una generación más, dos? Supongo que el turismo se llevará por delante esta forma de pesca, de subsistencia. Pero los turistas querremos seguir comiendo pescado, almejas, percebes... ¿de donde vendrán entonces? ¿qué quedará de auténtico?
La vida está en los detalles, pequeños peces de madera, manteles de flores azules, textos sobre tablas de colores.
Suma de objetos sobre una caja o tras la ventana. Carreras de niños, polvo en las sandalias.
Y un hombre que mira al mar, donde las olas rompen sobre las rocas, salpicando de blanco el azul del cielo; ¿estará pensando cuando podrán volver a salir a pescar? Yo imagino la pequeña embarcación mecida por las olas, allá abajo del acantilado, esperando también la hora de volver a salir.
Más ríos nos esperan y otras playas, más kilómetros por recorrer. Unos vinhos, unos peixes...
Ojos llenos de azul y verde, de marrones y grises; de acantilados, olas y vientos.
Y siempre, siempre, cosas por descubrir, caminos por recorrer y vinos por compartir.
jueves, 18 de octubre de 2018
sábado, 6 de octubre de 2018
Allá abajo... Marruecos
![]() |
| Ousleff, pintoresco e intrigante. |
Cuando por fin salimos a andar ya no es tan temprano, esperábamos que el sol calentara un poco, pero está perezoso hoy.
La ruta comienza subiendo, subiendo, subiendo... a tramos es una pista de tierra, a tramos un pequeño sendero. A veces caminamos por zonas boscosas y otras por campos de cultivo, la mayoría de ellos en esta época del año están sembrados de marihuana, que dan un suave aroma a todo el recorrido.
En una paradita para descansar, más allá de la mitad de la subida, me siento sobre una piedra y miro abajo, hacia la pequeña población de Ousleff. Hay una casa allá abajo, parece mas bien pequeña, de paredes blancas, tejado plano (como la mayoría por aquí), delante de la casa un campo de marihuana y la familia trabajando en él. Hay tres adultos, dos varones y una mujer, están cortando las plantas y haciendo grandes ramos, que luego pondrán a secar. Gallinas y gatos pasean alrededor, los niños juegan y corretean, gritan y tiran piedras a las gallinas que se acercan a picar los cogollos, uno de los niños se cae, le sale disparada una de las chanclas hacia atrás, parece el más pequeño de los cuatro, aunque desde aquí arriba no lo podría asegurar, ninguno de los otros tres se vuelve a ayudarlo, no parece que esté llorando... se levanta y sigue. No se oye mucho más ruido que los grititos nerviosos de los pequeños allá abajo, algún pájaro, y algún comentario de alguien de nuestro grupo.
La mañana está fresca, pero el esfuerzo de subir me tiene sudando.
Observo el movimiento de esas personas ahí abajo, y no puedo dejar de preguntarme por sus inquietudes, qué sienten, como viven el día a día, como es su ciclo. El ritmo ya lo veo, es pausado y parece ausente de nuestras normas convencionales. ¿Como se encontraron los padres de esos niños, en este mundo tan aparentemente pequeño? Llegan a mi cabeza tópicos, venta de las niñas a los hombres, ninguna consideración a los sentimientos, acuerdos entre familias, cambio de mujeres por animales... Conozco tan poco de esta cultura, pero me llama tanto la atención; quiero conocer más, quiero mezclarme y convivir, sentir y compartir. Volveré, porque hoy no es el momento, hoy estoy de ruta y me iré de este paisaje en unas pocas horas.
Subimos hasta la cresta, para pasar de un valle a otro. La bajada es aún más escarpada que la subida, por un bosque de tetraclinis y lentiscos, un sendero estrecho y pedregoso.
Hacia arriba viene un muchacho, cargado con un paquete envuelto en plástico a la espalda, que le sobresale por encima de la cabeza y a ambos lados del cuerpo, al vernos lo pone en el lateral del sendero y se aleja un poco. Pensar en lo que le queda por subir, lo que nosotros llevamos bajado, y con esa carga... El gran paquete tiene dos asas hechas con un jersey de rayas negras, blancas y rosas, atado precariamente a las cuerdas que cierran el plástico; ¿como se sentirá eso sobre los hombros? ¿cuanto pesa todo eso sobre la espalda?.
Antes de llegar al río hay una familia de macacos que nos acompaña un tramos, nos observa, los observamos, se alejan. Preciosa imagen.
Al llegar al río es hora de hacer aquello que veníamos a hacer, todo esto ha sido sólo el comienzo, el preludio necesario para bajar el último tramo del cañón del Oued Farda... increíble río de aguas transparentes, azul, verde. turquesa, cascadas, pozas, helechos, piedras, paredes de roca a ambos lados y el Puente de Dios allá al fondo, nuestra meta. ¡Esto es disfrutar!
Tengo que volver. Volveré.
Y esta es una buena canción para acompañar estos pasos... anímate a escucharla.
lunes, 24 de septiembre de 2018
...Y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
Me encanta ir al país vecino, está tan cerca, es tan distinto; recorrer playas, callejas empedradas y senderillos estrechos.
Si además voy con amigos del alma, de esos que ni te preguntan si quieres, sino que te pasan a buscar y te llevan por delante, esos amigos que son hombro donde llorar, apoyo para el camino, silencioso espejo que te refleja, de esos que te conocen mejor que tú misma y que saben lo que vas a decir antes, mucho antes, de que pronuncies las palabras (e incluso aunque nunca llegues a pronunciarlas); entonces, la visita al vecino Algarve se convierte en una experiencia vital, que rompe y rasga la línea continua y el suelo bajo los pies.
Pues eso ha sido este fin de semana, desconectar pero para reconectarnos, descubrir y a la vez rememorar, recordar mientras se pasa página.
Praia do Telheiro, uno de esos sitios en los que perderse, con una bajada complicadilla, poca arena en marea alta, mucha roca, mucho cielo y amplio mar.
Olas que te baten, que hacen que de pronto el agua no te llegue a las rodillas y al instante siguiente te pase el cuello, imposible fijar los pies.
Zavial con sus aguas transparentes, parecen tranquilas pero algún susto nos han dado. La cueva mágica más allá de la bajamar, donde las piedras trepan unas encima de otras, rojizas, amarillas, ocres, pardas, marrones, grises... empacho de colores.
Faros que indican el camino, y caminos que no se volverán a pisar, pero siempre se puede volver la vista atras para rememorarlos, recordar lo bueno, reconocer lo aprendido.
Vista adelante de nuevo y nuevas sendas que recorrer. Una vuelta más en esta vida que gira y gira, nunca para de girar... como el haz de luz de ese faro en la punta, visible para todo el que se acerque, ayudando siempre a marcar el camino.
Y ese aspecto desaliñado, antiguo, decadente... pero lleno de color y de texturas. Esas sensaciones que te invaden al mirar una ventana y preguntarte quien vive ahí, y pensar que podrías ser tú, que este es un buen lugar para pasar la vida. Aún sabiendo que no es probable que tus pasos y tus decisiones desemboquen en este paisaje, sino sólo por unos días.
Y de buena mañana, un café o una infusión, una tosta mixta o un croisant, un pastel de Belem o dos y unas maravillosas vistas; una conversación profunda sobre el abismo ante lo que sucederá irremediablemente, antes o después, y que nunca, por mucho que te hagas a la idea, te pillará sin vértigo.
Hasta siempre Amado, volveremos a vernos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








