jueves, 8 de diciembre de 2016

La Gran Nicoya

Desde el 10.000 a.C. hasta aproximadamente el 1.500 d.C., en esta parte de Centroamérica se desarrolló una cultura llamada "la Gran Nicoya", que ocupó un amplio territorio, donde hoy se encuentran Panamá, Costa Rica y Nicaragua. Es una cultura amplia y diversa, pero específica de esta zona y bien diferenciada de las culturas de más al norte, Mesoamérica, y de más al sur, norte de Sudamérica.

Es sorprendente que se mantuviera duarente tanto tiempo, en un territorio tan relativamente pequeño, una cultura tan bien definida, teniendo en cuenta que se mantenía un activo comercio con otros territorios, como lo demuestran las piezas de jade provenientes del norte y las de oro provenientes del sur.

Solentiname, así como otras islas del lago, tuvieron especial relevancia cultural a partir del 500 a.C., debido a la situación geográfica de las islas, que las hacen punto de encuentro en las relaciones entre las sociedades del ámbito Mesoamericano y las del norte de Sudamérica,  a veces lugar de encuentro e intercambio pacífico y otras veces lugar de sangrientos conflictos.

A mí estas piezas sólo me llevan a acumular interrogantes, ya que no hay mucho donde investigar al respecto. En cualquier caso me parecen preciosas.











La causa probable de la desparición de la milenaria cultura "la Gran Nicoya" 

martes, 6 de diciembre de 2016

El país de los Colores

Estuve allí, viví intensamente esos días, y ahora los recuerdo en nebulosa, incapaz de concretar lo vivido, sin poder distinguir lo soñado. ¿Cuanto de lo que recuerdo fue real y cuanto fruto de mis propios sentimientos? ¿Cuanto de lo visto estaba realmente ahí, y cuanto dependía de mi manera de mirar?.
Yo lo vi, vi por el espejo retrovisor ese pantalón remendado en el culo, bajando de la parte trasera de la pick up, remiendos oscuros en un pantalón vaquero tan raído que encoge el corazón. Estoy segura de haberlo visto, y recuerdo la sensación de irrealidad; pensar "no es posible, no es verdad que hemos traído hasta aquí a un niño de doce o trece años, que caminaba a la orilla del camino con un saco encima de mayor volumen que él, y quien sabe si de mayor peso, con un pantalón vaquero con parches tan grandes como sandías en el trasero". Recuerdo que se me saltaron las lágrimas en ese instante, por el retrovisor cada vez más lejos veía un enorme saco blanco del que parecían colgar dos endebles piernitas, que sin embargo lo sostenían.

Hacía calor, yo sudaba tanto por el sol como por los nervios pasados, el camino en continua pendiente y con curvas como espirales de caracol me hizo sufrir. Casi era medio día y el olor de tortillas de maiz en el comal invadía el corredor; la pared, a mi derecha, está llena de dibujos infantiles, el escudo de Guatemala con su hermoso quetzal verde y rojo, princesas Disney, perritos y gatitos... La viga de mi izquierda, alta y oscura, tiene en cambio otros dibujos, con gran detalle, pintados con tiza blanca, nada de color ahí, pistolas, eso es lo que veo dibujado allá arriba. 

La música a todo volumen, bailan, los chavales que pueden bailan, pero no todos pueden. Algunos sólo están ahí, sentados, con muecas que no sé si son de gozo o de disgusto, no sé si la música les gusta o si les molesta, no lo dicen. Algunos me abrazan, otros me invitan a bailar, casi ninguno habla, pero se hacen entender. A mí me hacen sentir parte de su dinámica, aunque acabo de llegar, y estoy a punto de irme; ellos se quedarán aquí, este es su hogar y lo será probablemente para siempre. Nada mejor los espera fuera de este recinto, nadie los quiere más que aquellas personas que los cuidan aquí. Ellos son sin embargo puro amor hacia el que llega. Sé que los viví de cerca, no los soñé, porque sus huéspedes son ahora también los míos.
El mercado ha cambiado en los últimos años, ya no es como yo lo reuerdo. Aunque el colorido se mantiene, las voces se mantienen, el olor de  la cera se mantiene. La basílica me parece igual de inmensa, igual de blanca, en medio de tanto color, y el Cristo igual de negro. He vuelto a pasar por Esquipulas, años más tarde, he vuelto a sentir sus calles, el fervor y el horror. Aquí los recuerdos de otras vivencias se mezclan con el presente.


En estos días viajé una vez más por caminos de ida, sin regreso, he llegado a lugares de los que nunca volveré, y sin embargo aquí estoy de nuevo.

Vi pájaros de colores, flores de colores, tumbas de colores, telas de colores... por eso Guatemala siempre será en mi memoria "el país de los colores".












sábado, 5 de noviembre de 2016

No le llegan los pies al suelo, ni el alma al cuerpo.

No le llegan los pies al suelo, ni el alma al cuerpo. Lo primero lo veo, lo segundo lo supongo. 
Es bajita (chaparra dirían aquí), está sentada en una silla de plástico roja, junto a la puerta, desde fuera sólo veo un lateral de su cara iluminado por la bombilla, su hombro y los pies descalzos colgando sin llegar a tocar el suelo.

Su nieta, que aún no tenía cinco meses de vida, murió anoche.

Ahora es de noche otra vez. La casa es la única con las luces encendidas, desde el corredor que une cocina y casa, cubierto con hojas de palma, se ven las linternas de algunas personas que vienen de camino. Huele a café.

Es una tragedia, una suma de desastres ha desencadenado la muerte de una niña de menos de cinco meses. 

En la cocina, un grupo de mujeres está preparando arroz y café. Cuando sucede una cosa así en las islas, los vecinos y familiares se encargan de casi todo. Unos han traido gallinas, otros arroz, otros café, otros pan, otros las verduras... están en esta casa las sillas de todas las casas de alrededor, cada una de un color y de una forma, pero eso ahora no tiene importancia.

Unos llegan, otros se van. La mayoría de mujeres está dentro de la casa, sentadas alrededor de la sala, pegadas a las paredes, charlando. Sobre la mesa con mantel blanco una cajita de mas o menos un metro, forrada de raso de color verde pálido y la niña dentro de la caja. Vestidito blanco, sonriente, ojitos abiertos, manitas sobre la barriga. La caja casi siempre cerrada. 

Los hombres se mantienen fuera de la casa, en el corredor o bajo un toldo de plástico especialmente colocado para la ocasión.

El café caliente sienta bien. Ya está oscuro, hace viento, se siente frío. La casa tiene unas preciosas vistas al lago, con la ensenada y la Lagartera abajo, la costa de San Miguelito a lo lejos.

Los remedios tradicionales, tan utilizados a lo largo de los años, han fallado esta vez. No supieron administrarlos bien, eso y que vivir en este paraíso tiene sus desventajas y una de ellas es que si hay una urgencia, no es tan fácil salir corriendo para llegar al hospital. No se pudo hacer nada.

Al alejarnos de la casa en el bote, camino de un descanso, vuelvo la vista y confirmo que es la única luz encendida, junto con las estrellas.

Mañana cuando amanezca la enterrarán (el momento más duro, según me dice alguien que perdió dos hijos hace ahora dieciséis años). Entonces, ya en el cementerio, su madre se acercará a la cajita verde, la abrirá y le dirá a su niña que la quiere, muy bajito, con una serenidad que me sorprende: su padre que no quitará el brazo de sobre los hombros de la madre, le besará la frente muy suave. 

Los espectadores observaremos mudos, hasta los niños y los pájaros respetarán el momento.

Ella, su madre, cerrará la caja con ciudado por última vez, habiendo puesto dentro antes una flor de buganvilla, sobre el pecho de su niña muerta. Y derramará unas lágrimas en silencio abrazando la caja cerrada.

Descansa en Paz Iliana.

jueves, 18 de agosto de 2016

Lo más básico, lo esencial

Pone con mucho cuidado a la pequeña en la hamaca, tan suavemente que la niña solo se remueve un instante antes de volver a quedar inmóvil.
Tantas veces, mecida en una hamaca, he pensado que la tela de la misma debe ser algo parecido a un útero materno. Suave, adaptándose al cuerpo, cálida y húmeda en estas latitudes; esa sensación de ingravidez, el mecido suave, los bordes protectores abrazándote.
Esta imagen de hoy me lo confirma.
Esta pequeña nació hace poco mas de un mes, y su madre nació ya en este siglo.

Charlamos mientras ella saca, de la pana de arroz que sujeta con las rodillas,los granos que no han perdido la cáscara, las piedritas y cualquier otra impureza, con una mano levanta un puñado de arroz y lo va dejando caer poco a poco de vuelta en la pana, con la otra mano expurga de manera mecánica y continuada.
Trabaja como si no lo hiciera, de tan suave, tan rítmico, tan artistico; resulta casi hipnótico.
No me mira, pero me presta atención. Con los dedos de un pie sujeta una cuerda que va a la hamaca, si la niña protesta o se mueve, ella mece la hamaca sin dejar de trabajar. La pequeña, complacida en ese sustituto de la primera morada, duerme tranquila y plácidamente.
El hermano pequeño de la mujer nos mira desde el fondo del corredor, tímido y cauteloso; la mujer se levanta, va a la cocina, abierta y algo alejada de la casa  (se cocina con leña), trae un platito con comida y llama a su hermano, que llega con la cabeza gacha y arrastrando un poco los pies, se le sienta en el regazo.
Con los dedos ella va estrujando los frjoles y mezclandolos con el arroz, y hace una especie de bolitas, que va metiendo en la boca del pequeño, de apenas año y medio. Yo pienso en las golondrinas, que tantas veces he visto alimentando a sus pollos, esos picos abiertos, esas madres esforzadas. Hay amor en este acto, pero también instinto animal.

Me despido, mientras la pequeña aún duerme y el pequeño no tardará en caer.

jueves, 4 de agosto de 2016

VIII Torneo de Pesca Solentiname

Celebrado en la isla de San Fernando los días 30 y 31 de julio de 2016.



 Dos días de pesca desde el bote, recorriendo los contornos de diferentes islas, disfrutando de la fauna y de los paisajes.


El primer día querían que yo llevase a pesar un guapote que yo no había pescado, y mi respuesta fue "¿quien se va a creer que yo he sacado eso?", así que sólo un par de fotos con ellos en el bote, y los pesaron quienes los sacaron.


Pero llegó el domingo, y ¡saqué mi propio guapote!, no sé si alguien de los que no estaban en el bote se lo creería, o se lo creerá, pero yo estaba allí, y tengo una grieta en el dedo de la lucha con el guapote, y sé que yo lo saqué, así que el domingo llegué al pesaje con mi pescado; pesó 3,8 libras, lejos del de 4,9 libras que ganó el torneo, pero era el mío. Y yo estaba feliz.


No se dio tan mal la pesca del día.



Para finalizar, entrega de trofeos y sorteo de diferentes premios. Me vine con mi guapote, que convertimos en ceviche, y con un motorcito. No me puedo quejar ni un poco.

Trofeos realizados en madera de balso, por diferentes artesanos de Solentiname.







 
Mi pequeño motor.

El video de Canal4, un pequeño resumen y algunas imágenes del VIII Torneo de Pesca de Solentiname:

https://www.youtube.com/watch?v=ChZPlP75B-Q

miércoles, 27 de julio de 2016

Visita al Peñón

A unos cinco kilómetros del pueblo del Refugio, en la isla de Mancarrón, se encuentra el punto más alto de las islas, es una loma llamada por los habitantes "El Peñón".

El camino hasta allá transcurre por dentro de la selva, bajo árboles inmensos y con un lodo y una humedad, en esta época del año, que resulta inimaginable para los que no somos de aquí.

Parte del camino hay que recorrerlo por una quebrada, es decir, por un pequeño riachuelo, que sólo lleva agua en época de lluvias. Es impresionante, pero nada de cómodo para andar debido a las rocas y el agua; aún así, merece la pena... Espero que se aprecie en las imágenes.

La quebrada, llena de agua en estos días.



Salimos con destino al Peñón muy tempranito por la mañana, el sol está bajito aún, hay nubes y la humedad, como digo, es algo indescriptible; en poco más de hora y media nos plantamos en lo alto.

El último tramo de subida



Con Pepe, el catalán que va camino de Méjico. Buen viaje, amigo.

En este caso, estoy segura de que las imágenes no permiten hacerse ni una ligera idea de lo que es estar sobre el Peñón, desde donde se contemplan el resto de islas, tierra firme y Ometepe, desde donde se comprende el nombre de "esmeraldas de Nicaragua", que algunos románticos dan a estas islas.

La bajada del Peñón la hacemos ya bajo una intensa lluvia, que hemos visto venir desde lo lejos, y la mayor parte del camino de vuelta nos acompaña la lluvia también.

Al llegar al pueblo no son ni las diez de la mañana, aún tenemos todo el domingo por delante.

viernes, 8 de julio de 2016

Algunos rincones, algunos momentos

Perdonen que no escriba mucho, ni muy a menudo... Estoy haciendo cosas más interesantes.

Además en este lugar remoto las ondas y las tecnologías están lejos de ser punta, así que vamos como podemos.

Por ahora, sólo un vistazo a algún rincón y algún momento.